Robado en La Estrella de Arica
| |
| Inmigrantes del vecino país y su trabajo como damas de compañía Herbert Díaz |
| | ||
Son las 21.15 horas de un jueves y en una vieja casona del casco antiguo de la ciudad un grupo de jóvenes mujeres inmigrantes se preparan para una agitada noche de trabajo. Dos de ellas aguardan en la sala con el televisor encendido. Miran las noticias en la Televisión Nacional Peruana que muestra detalles del asesinato de un joven fuera de una discotheque a manos de un policía. Ellas ni se inmutan, pues estas acciones violentas y de esa calaña son propias en Perú. Quizás esta sea la única forma de sentirse más cerca de su amado país, el cual extrañan con ímpetu. Se trata de un grupo de 9 jóvenes que dejaron a sus hijos y familia por la necesidad de conseguir nuevas posibilidades de trabajo acá, en esta ciudad deprimida económicamente, que por contradicción para los vecinos peruanos simboliza una esperanza de trabajo y la posibilidad de dar un respiro a sus necesidades económicas en un país azotado por la pobreza y el subdesarrollo. Muchas de estas mujeres llegaron a Arica pensando en trabajar como asesoras del hogar. Sin embargo, la necesidad por conseguir dinero para ahorrar y volver prontamente a sus lugares de origen, fue más fuerte. No es novedad que las patronas ariqueñas se aprovechan de estas trabajadoras peruanas conviniéndolas ilegalmente, pagándoles entre 80 a 90 mil pesos mensuales, lo que no les llamó mucho la atención, pues trabajando en la prostitución suman cerca de 100 mil pesos a la semana. Al presentarse son más bien tímidas. Esta "casa de citas", como ellas le llaman, sólo funciona con mujeres peruanas. Todas tienen entre 19 y 28 años. Son morenas, algunas con rasgos indígenas, otras parecen ariqueñas. Provienen de Lima y Tacna. Las más habladora es Jeannette, quien tiene 28 años y dejó en Lima a su hija de 12 años. Hace dos meses que llegó a Arica. En un comienzo no tenía claro qué hacer, sólo sabía que aquí se ganaba más dinero que allá. Apenas llegó miró en los avisos económicos del diario y no le tincó nada, hasta que se interesó y atendió a uno que convocaba a señoritas jóvenes y atractivas que desearan tener una buena remuneración. Llamó y se presentó, luego la contrataron y hasta ahora piensa en quedarse por lo menos hasta diciembre trabajando acá. No la han tratado mal los clientes y dice que los chilenos han sido bastante gentiles, a diferencia de los peruanos "que son muy machistas. Acá el chileno es más liberal y atento". Una de las historias más curiosas es la que protagonizó Mía. Ella es morena, delgada, de ojos achinados, muy coqueta, pero a la vez destaca por tener bastante personalidad en comparación al resto del grupo, que más bien muestra un comportamiento de bajo perfil. Mía es tacneña, tiene 25 años y es casada. Tiene además dos hijos, uno de 10 y otro de 7 años. Su esposo es taxista y no sabe que trabaja como prostituta en Arica. Hace un año y medio que guarda este secreto, mientras él cree que se desempeña como auxiliar en una oficina de contabilidad.
EL TRABAJO Al lugar llega todo tipo de hombres. De hecho, la entrevista fue "interrumpida" por un cliente. Se trata de un individuo de unos 60 años, gordo y canoso. Se cohibe bastante y pasa con la cabeza baja. Elige a una de las chicas y ambos pasan a una habitación. Seguido a él aparece un nuevo parroquiano, es más bien joven, de escasos 18 años, llega en bicicleta, es moreno y delgado. También quiere pasar "piolita". En el más breve instante escoge a una de las niñas y se van a la habitación. Es temprano aún. El movimiento, según comenta Jeannette, comienza recién como a las una de la mañana. "Ojalá empezara más temprano, pero los clientes generalmente ocupan los servicios muy tarde. Incluso llegan hasta las 8 ó 9 de la mañana", expresó la limeña. Sheila tiene 25 años. Las deudas que mantenía en tres bancos en Tacna, las que adquirió para pagar los funerales de su madre, le trajeron una serie de problemas para mantener a su hijo de 9 años, a quien dejó al cuidado de su padre para venirse a trabajar como dama de compañía. Al principio intentó desempeñarse en un topless en Tacna. Pero no funcionó, porque estaba obligada a tomar y con el "copete" (nótese que ya adquirió ciertos modismos nacionales) se mareaba muy rápido. Entonces, tuvo ciertos percances producto del alcohol. De ahí se presentó la posibilidad de venir a Arica, en donde pudo encontrar su oficio actual. La dueña de esta agencia le ha tomado cariño a estas "niñas", pues en el fondo se han transformado en sus protegidas. Queda al descubierto al dialogar con esta mujer que el ariqueño es discriminatorio a la hora de escoger los servicios sexuales, pues cuando llaman para preguntar, la primera información que piden es la nacionalidad de las chicas. Cuando les dicen que se trata de trabajadores peruanas, inmediatamente reclaman. Incluso denunció que hay agencias locales que les pagan más a las chilenas que a las peruanas. "Es denigrante el trato que les dan a algunas trabajadoras en ciertos lugares", confeso.
ANTECEDENTES La fuerte inmigración de peruanas se habría producido desde hace unos seis años, cuando al iniciarse el negocio de la prostitución por agencias, varias chilenas empezaron a exigir un pago considerado excesivo por los "empleadores". Esto originó un nicho interesante para las jóvenes del vecinos país, quienes han aprovechado de ocuparse en esas labores, pues se conforman con poco. Sus servicios por media hora llegan a los 10 mil pesos y 15 mil pesos por una hora, incluyendo la habitación. Algunas chilenas que publican sus avisos en los "no clasificados" cobran un promedio entre 20 a 25 mil pesos la hora. Actualmente, cifras tentativas indican que un total de 40 peruanas se desempeñan en el comercio sexual en Arica. Todas permanecen por siete días en la ciudad (según lo permitido por el Convenio Arica-Tacna), vuelven a Perú y retornan apenas pueden. La mayoría de las interesadas son contactadas en la misma ciudad de Tacna en agencias de empleos, las cuales las orientan para llegar a trabajar ya sea a los centros nocturnos o a las agencias de prostitución de Arica. Según argumentó la dueña de la agencia y las propias mujeres, existe un mejor servicio por parte de las peruanas, pues aseguran que a pesar de que los clientes son prejuiciosos, después del servicio irradian satisfacción e incluso vuelven. "Esto es porque somos más calientes", explicó Mía. El público objetivo prácticamente no existe, pues como se citó anteriormente, aquí viene de todo. La encargada manifiesta que entre quienes más se acercan a ese lugar se encuentran los pasajeros de los cruceros, comerciantes, al igual que les han ayudado bastante los seminarios y encuentros, como lo fue el de alcaldes y concejales del año pasado. La vida, a pesar de lo duro que es ir a la cama con seres no deseados, para estas jóvenes transcurre con bastante tranquilidad, pues comida y habitación no les falta. El tiempo libre lo gastan paseando por el centro de la ciudad. La tienda "El Dragón de Oro", es una de sus principales distracciones, aunque en Tacna todo es más barato que en Arica -dicen-, pero les gusta ir a comprar ahí cosas que no encuentran en Tacna, como ropa de niño y adornos. Los clientes en la calle no las saludan, generalmente se hacen los locos. Aunque una vez a Mía uno la siguió hasta la casa. "A mí una vez me ha saludado un joven que se atendió acá. Me he hecho la loca y me ha seguido hasta acá afuera. Me decía, ya ves como ahora si eres sobrada y no te acuerdas", comentó. La comida es uno de los elementos que más les recuerda que se encuentran lejos de sus hogares. Para ellas los platos chilenos son desabridos y la ausencia de condimento, por secundario que parezca para los nacionales, para ellas es algo primordial. El pollo de acá lo encuentran asqueroso, pues es congelado. A ellas les gusta fresco, producto que es bastante preciado en el vecino país. Así transcurre la vida para estas trabajadoras extranjeras, entre cuatro paredes, esperando por los clientes y en una especie de hermandad entre connacionales, pues todas tienen historias similares. Durante sus relatos la mayoría expresó que a fin de año estarán de vuelta en sus lugares de origen. Todo apunta a dejar atrás este episodio de sus vidas que significa trabajar en forma ilegal, impedidas de ver a sus seres queridos y con la amenaza inminente de ser desterradas en cualquier momento.
FISCALIZACION
En términos generales es la Brigada de Delitos Sexuales de la Policía de Investigaciones la que lleva el control respecto a este tipo de actividad, independientemente si se trata de extranjeras. Según explicó Carlos San Martín, jefe del Departamento de Extranjería de la policía civil, al ejercer esta actividad siendo extranjeras se encuentran irregulares en su accionar. "Nosotros estamos continuamente haciendo servicios para detectar a esta personas que están en forma anormal trabajando en esos servicios. Si son detectadas, son denunciadas a la autoridad correspondiente. En base a eso se interpone una prohibición de ingreso", explicó. San Martín expresó que al tener actividad remunerada, con este tipo de situaciones de inmediato tienen que abandonar el territorio nacional y con impedimento de ingreso. "Nosotros enviamos el informe a la autoridad administrativa para que ratifique la medida. Quedan con prohibición con un lapso bastante prolongado de no poder ingresar, salvo que ellas pidan una reconsideración de la medida". Sostuvo que las fiscalizaciones las establecen en el aspecto laboral. Entre los principales oficios que prefieren los peruanos se encuentra la parte agrícola, la doméstica (en el caso de las mujeres), la construcción, talleres mecánicos y en el Terminal del Agro, como cargadores, y en las cocinerías, en el caso de las mujeres. |



















